17 de abril de 2026
Interesante

Compañero emocional – la noticia es nuestra pasión

En los últimos tiempos, los medios de comunicación se han referido a una relación íntima entre una pareja no casada, hablando de pareja o pareja sentimental. Admito que no sé por qué tuvo suerte esta denominación. Quizás esto se deba a que la democracia ha tenido que inventar nuevas formas de nombrar situaciones que hasta ahora eran innombrables. Las instituciones políticas, por ejemplo, ahora envían sus invitaciones al Sr. o la Sra. X y su acompañante y ya no, como era el caso en el pasado, a su esposa. Pero aun así, la referencia a los sentimientos para referirse a determinadas relaciones íntimas no deja de sorprenderme, si pensamos que en nuestro vocabulario hay suficientes denominaciones para nombrar todo tipo de relaciones de pareja y que la gente de la calle no habla de su vida. compañera o compañera sentimental para hablar de la otra parte de la relación, pero de la esposa, el esposo o el amante, etc. ¿No te parece extraño que una mujer que ha asesinado a una mujer con la que comparte sentimientos se llame una pareja romántica? ¿No te cuesta estar de acuerdo con la imagen de violencia entre personas que comparten sentimientos? Sobre todo en un sistema de valores como el nuestro, que ve los sentimientos mutuos como positivos, en el que las relaciones basadas en ellos gozan hoy de mayor prestigio que las relaciones basadas en necesidades o intereses, que se supone que son menos emocionales. Por otro lado, me pregunto por qué la referencia a los sentimientos se usa normalmente para referirse a personas solteras y no a parejas casadas, ¿no los unen los sentimientos? Cuando, como veremos, el matrimonio por amor es un deseo común de nuestras sociedades, que lo perciben como una conquista del pasado donde los motivos del matrimonio eran diferentes.

Según los historiadores, el matrimonio en otras épocas se basaba en razones de poder, prestigio o dinero, al menos entre las élites sociales, mientras se nos dice que los sentimientos de amor, amplificados en la literatura creativa, eran cuestionados por la moral religiosa de la época que llamaba ellos pasiones. El amor cortés, por ejemplo, que, aparte de la representación literaria, no era más que un adulterio más o menos oculto, se presentaba como una relación sentimental, distinta de la supuestamente más fría relación conyugal. Para Lucien Febvre, por ejemplo, este amor gozaba de gran prestigio, porque decía que podía vivirse como un adulterio honorable, justificado por el amor, cuando por motivos familiares o morales, el amor no podía realizarse en el matrimonio. Pero fue solo un fenómeno de élite. No fue hasta el siglo XVIII que el sentimiento amoroso amplió su prestigio y se convirtió en un fenómeno de masas, constituyendo así, si no el motivo del matrimonio, un motivo importante para su realización.

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